Es verano. Son las once de la noche, ese día él tenía que llegar, aproximadamente a esa hora. Nos colocamos al borde del muelle, justo donde la lancha debía atracar. Pasan los minutos, no llega.
Algún marinero informa que hay retraso y que la lancha arribará, probablemente, al día siguiente. Percibo en ella cierta situación de angustia.
Pienso, ahora, que alguna lágrima se le habrá escapado, pero seguro que la ocultó.
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