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LITERATURA-RELATOS CORTOS

También literatura: REMA

Tengo el compromiso de escribir un relato sobre mis emociones.  Pero hoy me ha salido un poema (¿o canción marina?), simples palabras de aliento para quienes (ciudadanos, funcionarios, deportistas, jóvenes o viejos, mujeres u hombres, parados o empleados, sanos o enfermos), actualmente sufran o pasen malos momentos, por el motivo que sea. Dice así:

Rema, rema, con mar calmada o marejada

no te dejes arrastrar,

siente el vaivén de tu bote y el aroma de la mar,

las olas ahogarán tus penas, 

al puerto arribarás,

escucha esta canción marina,

agarra el timón de tu vida

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Relato corto: “MI HUELGA GENERAL”

Estaba convocada una huelga general. Esa noche soñé que asistía a un taller de escritura y que tenía que hacer un relato de siete líneas sobre “mi huelga general”. Me levanté a las 6, me duché, desayuné, limpié la casa y le dejé preparada a Teresa su taza de café y la tostada con mantequilla y mermelada. A continuación, me senté en la salita a escribir. Al poco se levantó Teresa sobresaltada. Me preguntó qué hacía. Le dije que “mi huelga general”. ¡Esquirol! me gritó. Entonces decidí escribir este relato. 

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Relatos cortos

CIERRE PERIMETRAL

Estoy obsesionado y confuso con la pandemia. Pero más con las normas que rigen en cada momento y lugar. Desconozco si las normas son durante diez o quince días, dudo si el lugar es todo el territorio nacional, o la comunidad autónoma, o la provincia, o el municipio y dentro de éste los comercios, la hostelería (y si ésta comprende el interior o las terrazas) y los domicilios particulares (para estos también hay normas: reuniones, familiares, allegados, número de personas).

Además, están las mascarillas, que el otro día un familiar procedente de América Latina lo llama “cubreboca” y también acabo de leer en el BOE que además de poder llamarse también “cobertor facial comunitario” (¡qué susto, creí que ahora habría que cubrir toda la cara con una manta de abrigo como las que se usaban antes para la cama!), resulta que deben reunir un montón de requisitos, hasta la composición, la fecha de caducidad, otros (ahora en uso) se van a retirar en breve si no cumplen los requisitos.

Como viajo con frecuencia a Asturias y vuelvo a Madrid, y viceversa, desde unos días antes repaso minuciosamente las normas vigentes en cada Comunidad Autónoma (y las que hay para cada pueblo,  pues nunca se sabe cuándo necesitaré entrar en alguno), también reviso los salvoconductos que he de llevar para desplazarme.

Cuando en casa recibo visitas, recuento las personas que nos juntamos, me obsesiono pensando si habrán estado en contacto con algún positivo, si habrán subido por la escalera o habrán pulsado el botón del ascensor, si la mascarilla, o cubreboca, o cobertor facial comunitario que llevan, estará homologado o habrá caducado; si tendrán salvoconducto y si cumplirán la hora del toque de queda.

Estoy obsesionado. Ya he preparado los carteles  para colocar en los distintos lugares de la casa: “obligatorio el uso de mascarilla”, “guarde la distancia de seguridad”, … dudo dónde poner “cierre perimetral”

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EL ENCUENTRO.

“Todos los días hago el mismo recorrido para ir a mi trabajo. Como está solo a quinientos metros de mi casa, voy andando. La oficina está en la misma calle pero en la acera derecha y mi casa está en la izquierda. Antes, al salir de casa, cruzaba la calle a la otra acera e iba recto por ésta hasta la oficina. Pero desde que cortaron el paso por la acera derecha para construir un aparcamiento subterráneo, a escasos metros de la oficina, salgo de casa, sigo por la misma acera y al llegar a la altura de la oficina cruzo la calle. La verdad es que desde que me pasé a la acera izquierda comprobé que era más entretenido, me cruzaba con más gente, aunque casi siempre la misma, justo en el mismo sitio, a la misma hora. Pero, sobre todo, me cruzaba con él, tan guapo, apuesto, alto, elegante… a las ocho menos cinco de la mañana, a unos cien metros de mi casa, a la altura de una lavandería; a los pocos días nos cruzábamos las miradas, después él me sonreía, enseguida se atrevió a saludarme (-buenos días, guapa, llegó a decirme)… me gustaba, todos los días esperaba ese momento. Cuando terminaron las obras, no quise cambiarme de acera ya que no quería perder “el encuentro”. Sin embargo, el primer día no lo ví. Extrañada, decidí cambiarme de acera por si él también había cambiado de lado, pero tampoco me crucé con él; al llegar a la altura del nuevo aparcamiento, éste se derrumbó, me caí, me rompí una pierna y varias costillas… En el hospital leí la noticia, también informaba de la detención, por negligencia, del que había sido encargado de supervisar las obras, varios obreros testifican que antes de las ocho de la mañana se iba del tajo; al lado, la fotografía. Era él.”

NECROLÓGICAS

 Mi marido ha vivido siempre lleno de obsesiones y manías. Mas, siempre ha encontrado soluciones. De pequeño, me contaba, observaba cómo unos niños se llevaban un chupete a la boca, otros un dedo: él, después de ciertas indecisiones, optó por chuparse dos dedos a la vez. Más adelante, cuando le salieron espinillas, creo que no dejaba de mirarse al espejo, atónito, su madre le insistía en que se untase con la pomada “clerasil”: tomó la firme decisión de operarse de la piel de su cara. En su trabajo de oficinista, le obsesionaba la forma y el lugar de colocación de los documentos y carpetas y el jefe le compraba archivadores, le mandaba a cursos de organización de archivos: se empeñó en comprar estanterías móviles y que estuviesen al alcance de su mano. Últimamente, ya con una edad muy avanzada, le preocupaba lo de la información sobre la muerte de las personas en los periódicos y la verdad es que gastaba un dineral, pues compraba hasta el diario de la provincia. El otro día quedé asombrada con la información que había recopilado: “unos vienen con bordes y en negrita, otros con letras mayúsculas, en algunos casos las informaciones ocupan siempre dos páginas, a veces se relacionan a todos los familiares, hasta la fiel sirvienta –de eso no tenemos, Paco, le recordé-, en algunos diarios solo ponen a la gente importante y en general solo destacan sus bondades, el lugar del periódico en que sale la información varía mucho, ya que es en primera página si se trata de gente muy importante o si mueren muchos a la vez, suele haber una sección de sociedad donde a veces ponen toda la relación y su edad, pero también aparecen noticias en las páginas de sucesos…”. Pero hoy …no sé dónde colocar su muerte.