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LA MARATÓN ES UNA CARRERA DE RITMO… CONSTANTE

De pequeño, en la salida de una carrera de unos 3 kms. en mi pueblo un amigo me comentó “yo voy a sprintar y ponerme el primero”. Y efectivamente tras la recta inicial de aproximadamente 100 metros se colocó en primera posición; pero al llegar yo -en una mediana posición- a alcanzar esa pequeña distancia encontré a mi amigo parado, con las manos sobre los muslos de las piernas y con la respiración entrecortada diciendo “ya no puedo más”.

Cuando unos cuantos años más tarde reanudé mi afición por el atletismo y comencé a preparar y a disputar maratones, leía en una revista especializada en la materia que entre las reglas de oro de la mítica carrera de 42 kms y 195 metros una de ellas era que la maratón “es una carrera de ritmo”. Aquéllo me sonaba a algo muy técnico, más propio de los corredores “de la élite” como denominamos los corredores “populares” o “aficionados” a los maratonianos profesionales o semiprofesionales.

Tengo que confesar que a pesar de la experiencia que fui adquiriendo y de la carrera que voy a mencionar, en la gran mayoría de las 26 maratones que disputé y finalicé, incurrí en un error similar al de mi amigo en aquella pequeña carrera.

¿Por qué incurrimos en este error?

 En primer lugar hay que dejar claro que para disputar una maratón -y digo disputar en el sentido de terminar la carrera queriendo hacerlo en el menor tiempo posible, de acuerdo con la capacidad y condiciones de cada uno, es decir no “caminar” durante 42 kms- es necesaria una preparación previa de entrenamiento de carrera continua cinco o seis días a la semana durante un año más algún entrenamiento “de calidad” (series, cambios de ritmo, cuestas) y varios entrenos “de largo recorrido” (de entre 28 y 32 kms) al menos un día a la semana en el mes previo a la competición.

Pues bien, una vez hecho ese trabajo previo, cuando se da el pistoletazo de salida, además de la euforia, del ambiente, de los ánimos del público y del locutor de turno es lógico que nuestro cuerpo nos pida -y sin duda está capacitado para ello- correr rápido, quizás no tanto como sprintar como había hecho mi amigo, pero sí correr a un ritmo superior, más veloz, del que esa regla de oro del maratón exige: es decir, si de acuerdo con nuestras condiciones y entrenamiento realizado podríamos terminar el maratón en un tiempo de 3 horas y 10 minutos, nuestro cuerpo está preparado para comenzar, y seguir durante varios kms, a un ritmo de unos 4 minutos por kilómetro. Si lográsemos mantener este ritmo conseguiríamos no solo nuestro objetivo sinó una gran marca de 2 horas y 48 minutos (es decir, 22 minutos menos de nuestro objetivo). El problema está en que, partiendo de dicho objetivo realista de hacer el maratón en 3 horas y 10 minutos, si bien podemos correr más rápido durante 3, o 5, o 10 o incluso 15 o 20 kms debemos ser plenamente conscientes, tener grabado en nuestra mente, que aún faltan por correr 39, o 37, o 32, o 27, o 22 kms, respectivamente.

Dicho de otro modo: si nuestro objetivo (en función de la preparación y capacidad de cada uno) es terminar la maratón en 3 horas y 10 minutos, debe mantenerse un ritmo medio de 4 minutos y 30 segundos por kilómetro.

¡Claro que sería posible mantener un ritmo de 4 minutos por km durante los 21 primeros kilómetros y un ritmo de 5 minutos por km durante los 21 kms restantes! Sin duda las matemáticas no fallan y al final el resultado sería un ritmo medio de 4 minutos y medio por cada km y la marca en la meta sería la buscada de 3 horas y 10 minutos. Pero eso ni es fácil ni es recomendable, y ello porque lo más probable es que al ir a un ritmo mucho más rápido del previsto el cuerpo y sobre todo las piernas acusarían un tremendo cansancio y con ello lo más seguro es que la segunda parte la hagamos no a un ritmo de 5 minutos por km sino a un ritmo mucho peor, es decir probablemente a seis o siete minutos por km. Es decir, iríamos de más a menos y además desde el punto de vista psicológico lo más probable es que nuestro ánimo se viniese abajo, además de nuestras fuerzas.

Un ejemplo paradigmático de ritmo constante para mí lo fue la Maratón de Rotterdam que disputé.

No voy a hablar de la ciudad -como en el caso de Nueva York- ya que Rotterdam aparte de una gran ciudad portuaria e industrial no es tan bonita como Amsterdam, por ello si alguien va a disputar la maratón de Rotterdam lo más recomendable (al menos es lo que yo hice) es alojarse en Amsterdam y trasladarse en tren (lo hay cada 30 minutos aproximadamente) y llegar a la ciudad portuaria en menos de una hora. Lo que quiero mostrar es mi experiencia en cuanto al tema que estoy tratando en esta entrada, es decir el ritmo del maratón.

Pues bien, aparte de haber supuesto la maratón en que por primera vez bajé de las 3 horas (en otras posteriores lo haría seis o siete veces más), lo que me supuso sin duda una gran satisfacción, fue probablemente la maratón más cómoda en el sentido de que ni sufrí el llamado ”muro” (alrededor de ese km 30 en que el cansancio acumulado hace que te encuentres con una especie de muro) ni me vine “abajo” ni física ni anímicamente en ningún  momento, ni llegué “desfondado”, “agotado” (como suele ocurrir), no solo eso sino que llegué a la meta con tales fuerzas que habría hecho unos cuantos kms más.

El perfil de Rotterdam es llano (de ahí que en esa ciudad se hayan batido varios récords mundiales) y aquél día de finales del mes de abril la temperatura era de 0º (para mí, al menos, fenomenal).

Pero circunstancias ambientales aparte (siempre hay “excusas” para justificar lo bien o mal que nos salió un maratón) lo más trascendental -y es lo que quiero poner aquí de manifiesto y mostrar de ejemplo por si a alguien le puede servir es el ritmo constante que mantuve a lo largo de toda la carrera. El chip que llevamos los corredores en la zapatilla conectado con el sistema informático así lo registró:

-Del km 0 al 5: ritmo de 4 minutos y 41 segundos

-Del km 5 al 10: ritmo de 4 minutos y 17 segundos

-Del km 10 al 15: ritmo de 4 minutos y 14 segundos

-Del km 15 al 20: ritmo de 4 minutos y 10 segundos

-Del km 20 al 25: ritmo de 4 minutos y 9 segundos

-Del km 25 al 30: ritmo de 4 minutos y 6 segundos

-Del km 30 al 35: ritmo de 4 minutos y 9 segundos

-Del km 35 al 40: ritmo de 4 minutos y 6 segundos

-Del km 40 al 42,1: ritmo de 4 minutos y 9 segundos

El ritmo medio que me salió al final es de 4 minutos y 13 segundos cada km. Si os fijáis, aparte de los primeros cinco kms (es normal, o mejor dicho muy recomendable, salir algo más despacio al principio) en el resto, es decir durante los 35 kilómetros restantes la desviación sobre el ritmo medio es prácticamente inexistente: cuatro segundos más entre el km 5 y el 10 y siete segundos menos entre el km 35 y el 40; incluso -si volveis a la tabla- fui arañando segundos al ritmo medio (el retroceso de 3 segundos justo al pasar el km 30 es anecdótico, sobre todo teniendo en cuenta que entre el km 35 y el 40 volví a recuperar el ritmo anterior).

La marca final conseguida (las matemáticas y el chip de cronometraje no fallan) fue de 2 horas y 58 minutos.

Repito: el haber mantenido la constancia descrita en el ritmo de carrera es para mí -y creo que para cualquier maratoniano- el mayor logro, el mejor éxito. La marca conseguida, ese tan deseado hito de bajar de las 3 horas, es solo la consecuencia de haber seguido al pie de la letra esa regla de oro de una maratón: es una carrera de ritmo, pero de ritmo constante.

Por José López Viña

Especialista en Administración local. Secretario General en Ayuntamientos de Asturias y Madrid. Autor y coautor de manuales, libros y artículos, especialmente sobre procedimiento administrativo. Ahora también bloguero.
Asturiano nacido "a la vera del Cabo Peñes", en Luanco (Gozón), o sea junto a la mar.
Escritor aficionado de literatura.
Practicante aficionado de carreras de fondo.
Abogo por una Administración transparente, sencilla, de fácil acceso para el ciudadano

2 respuestas a “LA MARATÓN ES UNA CARRERA DE RITMO… CONSTANTE”

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