Maratón de París (II): CRÓNICA EMOTIVA DE MIS MEJORES 42 KMS

Acaba de sonar el pistoletazo de salida.

Subidón de adrenalina, estoy corriendo Campos Elíseos abajo, sé que tengo 42 kms por delante, pero en ese momento no piensas en ello -o tratas de no pensarlo-, solo sientes la euforia de haber comenzado la carrera y en que estás preparado física y mentalmente.

Aunque esa euforia, unido a la animación del público durante toda la avenida y a dicha preparación durante los meses anteriores, te incita a correr más rápido, eres consciente, tienes aprendido, que es fundamental controlar el ritmo, casi hay que frenarse, para que no se disparen las pulsaciones, para no tener que “pagar” después -unos cuantos kilómetros más adelante- haberme “pasado de frenada”. Y es que -hago aquí un inciso- una regla de oro del maratón es mantener un ritmo constante o en todo caso ir de menos a más, es decir empezar a menor ritmo para acabar más rápido. A pesar de eso, tengo que confesar que en una gran mayoría de las maratones disputadas no supe, o no pude, seguir esa regla de oro. [Véase mi artículo https://blogdejoselopezvinyaaldia.com/tambien-atletismo/#la-maraton-es-una-carrera-de-ritmo-constante]

Decía que el kilómetro que va desde el inicio de la carrera en los Campos Eliseos hasta la plaza de la Concordia lo viví con euforia contenida. Disfrutando.

Cuando llego a la inmensa Plaza de la Concordia con su famoso Obelisco me entra un poco de vértigo: sopla el viento, el pelotón empieza a estirarse, el perfil ya no es descendente; aunque ya el primer grupo de animación te hace subir de nuevo un poco la adrenalina. Además, se entra en la Rue Rivoli y, por su mayor estrechez, se produce mas apelotonamiento; lo mismo al dirigirnos hacia las plazas Vendóme y de la Ópera (km 3), para volver a la Rue Rívoli. Me encuentro bien, observo que voy cómodo, adelantando posiciones, es como si estuviese empezando la carrera. Buena señal.

De pronto, un gran griterío y concentración de espectadores: es el paso por la carismática Plaza de la Bastilla (km 7). Me entusiasma atravesar, entre vítores, por la misma plaza símbolo del inicio de la Revolución francesa.

Pero en este caso no se inicia ninguna revolución sino un tramo (hasta el km 15 aproximadamente) de toboganes en cuanto al perfil aunque siempre tendiendo hacia arriba. Conozco el recorrido, sé que esperan unos kilómetros duros, quizás decisivos. Me concentro en el ritmo, miro las pulsaciones, están altas, quizás la euforia de la plaza de la Bastilla, pronto logro bajarlas, pero mantengo el ritmo, podemos decir que aquí empieza la carrera, faltan unos 35 kms. Hasta el Bois de Vincennes la carrera se estira, yo voy pasando corredores, no siento la soledad del corredor de fondo. Hago aquí otro inciso: esa soledad la sentí en varios maratones poco multitudinarios del norte de España, Tuy, Gijón, Laredo, Vitoria, también en Benidorm (la mayoría de ellos ya desaparecidos, ya que la participación podía de ser de 300 o 400 corredores). Si a ello unimos la dureza del maratón, fácilmente se entenderá esa soledad que se siente cuando debes correr la mayor parte de los kilómetros en solitario y sin apenas espectadores.

Se llega a la zona del Bois de Vincennes, paso el km 10, miro el reloj y compruebo con satisfacción que el ritmo es el adecuado ya que llevo 41 minutos y 10 segundos. No obstante, a continuación paso por momentos de inseguridad, ya que si bien voy a ritmo adecuado para hacer la carrera en menos de tres horas y me encuentro bien ¿qué hago? ¿aprieto el ritmo o lo bajo? Me decido por dejarme llevar por las sensaciones, voy a seguir a ese ritmo.

Se pasa por delante del majestuoso castillo de Vincennes (km 13) donde otro grupo de música levanta los ánimos y la euforia. Nos adentramos en el parque, todavía debe rodearse el mismo para alcanzar la media maratón. Afortunadamente cojo el ritmo de un grupo de unos veinte corredores, siento cierto alivio, acompañado, sin tensión, me entretengo en observar la vegetación, los árboles, los caminos, las grandes extensiones de praderas, la señalización del hipódromo (a la altura del km 15) y otras instalaciones deportivas, continuamos unidos los componentes del grupo, en general en silencio pero unidos por un mismo objetivo, se palpa el sentimiento de compañerismo,  escucho las pisadas de las zapatillas en el asfalto, también mi propia respiración.

Vamos girando hacia la derecha, bordeando el parque y con ello tomando la dirección hacia el Sena, hacia París.

Ahora empieza un tramo descendente, aunque todavía falta un poco para la mitad de la carrera, a la que llego (Km 21) y siento satisfacción al comprobar que llevo un tiempo de 1 hora 27 minutos (lo que entra sobradamente en los cálculos para hacer marca por debajo de las tres horas).

El grupo sigue unido, a ritmo constante. Empiezo a notar, no obstante, algo de dolor en las piernas (será el perfil descendente de este tramo que “carga” los cuádriceps), procuro no pensar en ello, centrarme en llevar la respiración adecuada, llegamos a la Gare de Lyon (km 23), de nuevo La Bastilla… Ya está cerca el Sena

Se llega a la vera del río: la Ile de St Louis, Notre Dame (km 25), aquí cambia totalmente la carrera: muchísimo público, otra vez concentración de corredores (al estrecharse la calzada), otra subida de adrenalina al comprobar la muchedumbre de espectadores y sus gritos de ánimo: Allez, allez! Pasamos el km 25 pero -ojo- hay que seguir corriendo, faltan 17 kilómetros y la parte más difícil.

El Puente nuevo, el Museu d’Orsi…. Por un lado da gusto correr cerca de monumentos tan singulares, por otro el cansancio empezar a hacer mella, además de algún dolor en las piernas empiezo a sentir también fatiga.

La maratón de París puede parecer llana, pero en la práctica -y puedo dar fe de ello- no lo es ni mucho menos. Si se observa el perfil de la misma hay continuas variaciones entre los 30 y los 70 metros de altitud y precisamente en la zona del Sena la maratón discurre en un continuo carrusel, no solo por el paso bajo el puente del mismo nombre sinó porque al transitar bajo los sucesivos puentes (de las Artes, Royal, de la Concordia, Alejandro III, del Alma) dado que la calzada junto al Sena, por la que transcurre la carrera y precisamente para salvar dichos puentes, primero se inclina hacia abajo y después cuesta arriba. Es cierto que cuando va cuesta abajo contemplas emocionado sobre el pretil del puente una multitud de espectadores animando (¡allez, allez!) que te da fuerzas para el tramo de subida, tras el que vuelve a aparecer una gran aglomeración de gentes haciendo sonar tanto sus gargantas como sus palmas y bocinas y mostrando pancartas de ánimo

Un túnel y otro, la continua animación de la gente, pero -como decía- las piernas empiezan a cargarse, también el oxígeno empieza a faltar.

Es el momento, y ahora más que nunca, de correr no solo con las piernas sino usando adecuadamente la cabeza y los pulmones.

Empiezan los kilómetros de la resistencia, también de crear conciencia en tu respiración y de tratar de mantener una mente más tranquila… todo ello aunque pesen las piernas y éstas deben aguantar unos diez kilómetros más.

Llega otro punto de avituallamiento: además del obligado botellín de agua, en esta ocasión opto por coger una barrita energética. Otro inciso, éste sobre los avituallamientos: en una maratón es muy recomendable hidratarse, por eso digo que es esencial beber agua cada 5 kms (en que hay puntos de avituallamiento); otra cosa es si conviene o no tomar o beber otros productos o líquidos (bebida isotónica, geles, plátanos, barras energéticas, frutos secos…), sobre lo cual mi experiencia que puedo transmitir es que no hay milagros en este sentido, que nadie crea que tomando estos productos, y cuantos más mejor, la maratón será un «paseo», ya que mucho más importante es la preparación previa y, por otra parte, a algunos puede venirle mejor hidratarse con bebidas isotónicas y a otros tomar geles de glucosa (yo particularmente tengo mala experiencia con éstos), lo más recomendable es ir probando en cada maratón y optar por lo que mejor le siente a cada uno.

Un poco más adelante se llega a la altura de la Torre Eiffel km 32): no me gusta mucho ese punto de la carrera, no se por qué, quizás porque dado el emblemático lugar aunque también hay mucho gentío predominan los turistas (que van a contemplar otra cosa), quizás porque el perfil se empina hasta el km 35, es la zona de tránsito hacia el Bois de Boulogne.

 Me duelen las piernas, resisto, ya es el tramo final. Durante el tránsito por el propio parque de Bologne parece que me recupero, logro pensar en positivo, ya solo quedan 7 kms, el tramo entre el km 35 y el 40 se me hace llevadero.

 En un momento determinado -cuando se aproximaba una señal del punto kilométrico- creía que era el kilómetro 38 pero cuál sería mi agradable sorpresa que era ya el kilómetro 39. Son solo 3 kms -pensé- y me encuentro bien. Voy a apretar, a aumentar el ritmo, decidí. Así lo hice.

Pronto llega el km 40, al paso de éste todavía discurre el recorrido por el parque pero sé que tras éste se acerca la meta. Todavía aumento más el ritmo -conseguiré el objetivo de bajar de las tres horas, quizás batir mi marca personal en maratón-, ya no pienso en lo cargadas que tengo las piernas, solo en mi voluntad de resistir y acelerar mi ritmo, adelanto continuamente a corredores -alguno prácticamente parado, exhausto, a mí me quedan fuerzas hasta para animarles- y me aproximo a la meta.

Empiezo a escuchar la megafonía de la meta, se sale del parque y ya estás en la Puerta Dauphine (la plaza desde la que parte la Avenida Foch -donde está la meta- hasta la Plaza del Arco del Triunfo).

Solo faltan 500 metros, es el final, los gritos de ánimo de los miles de espectadores apostados a ambos lados de la recta de meta en la Avda. Foch resuenan en mis oídos. Disfruto, soy feliz en ese último esfuerzo final.

Cruzo ilusionado la línea de meta. Compruebo mi marca: es la mejor lograda en una maratón: 2 horas, 55 minutos y 18 segundos, ritmo de 4 minutos y 9 segundos por kilómetro. Objetivo logrado, estoy muy satisfecho

[Ver la crónica de los 75 minutos previos: https://blogdejoselopezvinyaaldia.com/2022/04/09/la-maraton-de-paris-i-vivencia-de-los-75-minutos-previos/]

Publicado por José López Viña

Especialista en Administración local. Secretario General en Ayuntamientos de Asturias y Madrid. Autor y coautor de manuales, libros y artículos, especialmente sobre procedimiento administrativo. Ahora también bloguero. Asturiano nacido "a la vera del Cabo Peñes", en Luanco (Gozón), o sea junto a la mar. Escritor aficionado de literatura. Practicante aficionado de carreras de fondo. Abogo por una Administración transparente, sencilla, de fácil acceso para el ciudadano

2 comentarios sobre “Maratón de París (II): CRÓNICA EMOTIVA DE MIS MEJORES 42 KMS

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: